Pablo Remalas soldado está en el fragor de la batalla. Camina acompañado del contigente que enfrenta la línea enemiga. De pronto se viene caer una granada que ha lanzado el enemigo. Todos se dan cuenta y corren a buscar refugio inmediato. Todos menos Pablo que no se dio cuenta del artefacto explosivo que cae a metros de el. La explosión sucede y Pablo sale a volar por el aire.
Cae en medio de unos matorrales y desde allí se escucha su lastimera voz:
-Ay…. Ay!. Creo que he perdido mis piernas!
Desde la cima de la pequeña montaña el vigía con los binóculos le dice a Pablo:
-No pablo. No has perdido tus piernas. Desde aquí las veo, están al otro lado de la montaña!
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