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Predica cristiana La criada mal criada

Cuantas veces asumimos como ciertas los pensamientos y maneras de proceder de aquellos que creían estar causándonos un beneficio al enseñárnoslas. Algún día, al crecer, nos dimos cuenta que esas enseñanzas nos causaron mucho daño por la manera como nos acostumbraron a pensar.

En esta predicación cristiana “La criada mal criada” José Ordóñez intenta lograr que sus oyentes detecten toda esa linea de pensamiento que no va conforme a Dios. Quizá después de oírla quieras compartirla con alguien que aún está atado a las antiguas maneras de proceder de su infancia o quizá, muy apegado(a) a las viejas formas estructurales del proceder de su familia.

Esta predica cristiana de José Ordóñez está basada en el pasaje Bíblico de 2a de Samuel 9.

2a Samuel 9
El rey David averiguó si había alguien de la familia de Saúl a quien pudiera beneficiar en memoria de Jonatán 

y, como la familia de Saúl había tenido un administrador que se llamaba Siba, mandaron a llamarlo. Cuando Siba se presentó ante David, este le preguntó:

—¿Tú eres Siba?

—A las órdenes de Su Majestad —respondió.

—¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios? —volvió a preguntar el rey.

—Sí, Su Majestad. Todavía le queda a Jonatán un hijo que está tullido de ambos pies —le respondió Siba.

—¿Y dónde está?

—En Lo Debar; vive en casa de Maquir hijo de Amiel.

Entonces el rey David mandó a buscarlo a casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo Debar. 

Cuando Mefiboset, que era hijo de Jonatán y nieto de Saúl, estuvo en presencia de David, se inclinó ante él rostro en tierra.

—¿Tú eres Mefiboset? —le preguntó David.

—A las órdenes de Su Majestad —respondió.

—No temas, pues en memoria de tu padre Jonatán he decidido beneficiarte. Voy a devolverte todas las tierras que pertenecían a tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante te sentarás a mi mesa.

Mefiboset se inclinó y dijo:

—¿Y quién es este siervo suyo, para que Su Majestad se fije en él? ¡Si no valgo más que un perro muerto!

Pero David llamó a Siba, el administrador de Saúl, y le dijo:

—Todo lo que pertenecía a tu amo Saúl y a su familia se lo entrego a su nieto Mefiboset. 

10 Te ordeno que cultives para él la tierra y guardes la cosecha para el sustento de su casa. Que te ayuden tus quince hijos y tus veinte criados. En cuanto al nieto de tu amo, siempre comerá en mi mesa.

11 —Yo estoy para servir a Su Majestad. Haré todo lo que Su Majestad me mande —respondió Siba.

A partir de ese día Mefiboset se sentó a la mesa de David como uno más de los hijos del rey. 

12 Toda la familia de Siba estaba al servicio de Mefiboset, quien tenía un hijo pequeño llamado Micaías. 

13 Tullido de ambos pies, Mefiboset vivía en Jerusalén, pues siempre se sentaba a la mesa del rey.

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