Fue la primera vez que me senté ante los micrófonos de una emisora a contar los chistes que desde niño había recolectado. Mi primer récord mundial de chistes 24 horas. José Ordóñez. Desempolvé mis cuadernos de primaria y los poquitos de mis dos únicos de bachillerato en donde a garabatos había coleccionado los chistes que, inclusive, ya tenía categorizados por secciones y temas.

¿Cómo nació la idea de un récord de chistes?
Caracol radio me contrató en 1992 como libretista de otros comediantes. Venido de la provincia solo alcazaba al criterio de ser libretista para que los demás comediantes brillaran con lo que yo escribía. Valoré mucho el trabajo aunque para esos comediantes no significara nada.
Un día, a mediados del 93, mientras caminaba aburrido por los pasillos de la cadena radial me encontré con Tito López director de Radio Activa. Notó mi descontento por llevar año y medio haciendo brillar a los demás sin encontrar una oportunidad para mi. En medio de la conversación me aconsejó que no era buena la idea que me rondaba la cabeza de renunciar e ir en busca de otras emisoras donde muy seguramente sería la cabeza de ratón y no como en Caracol la cola del león.
Me dijo que creía en mi talento y decidió darme una oportunidad en el único espacio que había por allí para mi, las cinco y media de la mañana. «¡No hay más! pero para un talento como el tuyo de se seguro será un buen comienzo» me dijo intentando levantar mi alicaído ánimo humorístico.
La prelocomotora.
La propuesta del gran Tito López fue hacer un programa de chistes de media hora, chistes que se suponía los oyentes juveniles de aquel entonces enviarían por medio de cartas escritas a la emisora y yo, con mis personajes los interpretaría, al final del mes premiaríamos los mejores chistes con boletas para los conciertos y discos de los cantantes de moda.
¡Ni una carta!
¿Sabes lo que es contar chistes todos los días media hora y durante tres meses mientras esperas a que llegue una primera carta a participar en tu programa de chistes y no llegue? ¡No llegaban las cartas con los chistes! Aunque el programa empezó a tomar sintonía, aunque la sinergia que había entre Deysa Rayo mi compañera de set y yo era muy buena y la audiencia crecía, no llegaban la benditas cartas con chistes.
¿De dónde saca los chistes José Ordóñez?
Tito me felicitó por el éxito del programa, su idea de ponerme a las 5:30 a.m. a contar chistes para impulsar aún más su ya exitoso programa «La Locomotora de RadioActiva» estaba funcionando a las mil maravillas. Él estaba feliz, ¡yo estaba preocupado por las benditas cartas! Así que me preguntó: «José, el programa es bueno, los chistes son estupendos, me encanta la interpretación y los personajes y dialectos que usas, pero ¿de dónde los sacas si no te ha llegado una sola carta?» y respondiéndole me di cuenta que yo tenía un enorme caudal de chistes que hasta el momento no le había dado el valor que con el tiempo llegaría a tener.
El archivo de los chistes de José Ordóñez.
Fueron mis cuadernos de primaria los primero depositarios de mis historias cómicas. Esos mismos cuadernos que me metieron en tantos problemas cuando las profesoras descubrían que en la parte final de cada uno de ellos vivía un niño Benito, un andariego GayoTapao, un señor de malas, un perezoso, un tal bobo Tanainas que atiborraban en medio de borrones y caricaturas el envés del cuaderno cuadriculado de matemáticas o el de los mapas lleno de papel calcante (que también servía para dibujar comics). Esa fue mi primera estantería cómica, mi primer cárdex de costumbrismos, de frases chistosas, de hipérboles y moriquetas que años más tarde empezaron a mostrar a través de esa pequeña ventana radial de las 5:30 de la mañana, lo que habría de ser una hermosa carrera contando chistes.
Una conversación crucial.
«Tengo una colección de más de veinte mil chistes» le dije, la verdad era que no pasaban de los doce mil, pero había que hiperbolar para que Tito se diera cuenta que tenían allí en el elenco radial alguien, según mi concepto, desperdiciado y que estaba esperando solo una oportunidad para hacer brillar su talento «Y soy capaz de durar hasta 18 horas contando chistes sin parar» le dije mientras su rostro se iluminó, parecía que se le había ocurrido una idea genial «Pues ¿por qué no cuentas esas 18 horas de chistes el 28 de diciembre día de los inocentes?» -Genial!- le respondí, -Pero no hagamos 18, hagamos 24 horas, ¡todo un día contando chistes!»
Solo fue sellar el pacto con un apretón de manos y empezar a preparar lo que habría de ser el primer peldaño en la escalera de éxitos que me esperaban los siguientes años.

La clasificación de chistes de José Ordóñez.
No sé por qué, desde niño tuve la precaución de clasificar los chistes por temáticas. Los de Benito estaban en el cuaderno de español, los de animales en el cuaderno de ciencias naturales, al cuaderno de matemáticas lo castigué, nunca puse nada ahí, hubiera sido un insulto a mi primer archivo de humor poner tan siquiera una moriqueta risueña en un cuaderno que me despertaba toda clase de aversiones. La matemática no fue ni será lo mío.
Chistes digitalizados.
Al llegar a Caracol radio me encontré con mi primer modelo de digitalización de chistes. Creo que fui el primer ser humano que empezó a utilizar un computador para poner una gran colección de chistes allí. Existía como gran novedad en el sistema radial el Basis o Vasis, no lo recuerdo bien. Era un sistema en el que toda la red de emisoras de Caracol estaban conectadas en un moderno sistema digital a donde llegaban las noticias de las todas las agencias noticias del mundo, a cada periodista se le daba una clave de acceso y tenían un espacio de almacenamiento en el disco duro central, yo era la única persona que no fungía como periodista y tenía acceso como creador de contenidos.
Lo primero que hice, desempolvar los apuntes que había guardado desde niño, aprovechar que los sábados la única pantalla que le había asignado a Radio Reloj (la emisora en la que hacía un personaje llamado Chepe Chaparro) y en por la que yo entraba al sistema estaba libre. Me sentaba todos los sábados a digitalizar mis contenidos de chistes, por eso, cuando Tito me dijo que hiciéramos el récord, hacer el libreto del récord mundial solo era cuestión de organizar hora por hora y temática por temática.
Nos prohiben hacer el récord de chistes.
¡Nos jodimos! pensé yo cuando Tito me dijo en su oficina: «Me reuní está mañana con Gallego y me prohibió hacer el récord de chistes!» se me cayeron las medias de la decepción tan verraca que sentí. Había esperado toda mi vida por una oportunidad como esas y ahora el vicepresidente de producción prohibía de manera perentoría que se llevara acabo nuestra gesta humorística.
Puedo entender a Carlos Arturo Gallego por aquel entonces director de todos los talentos de la primera cadena radial de Colombia. RadioActiva era «la niña de sus ojos», era la emisora juvenil más escuchada de Colombia, tenían veintidós emisoras FM en las principales ciudades y su facturación crecía tanto como su estratégica importancia en la compañía radial. «¡Cómo pretende para la emisora juvenil más escuchada por todo un día! ¡Cómo pretende no pasar comerciales si son los que mantienen la radio! ¡Esa locura no sela voy a patrocinar! ¿Y quién es ése José Ordóñez? ¡No lo conoce nadie!
A los gerentes administrativos les corresponde ver los números, no el talento, tienen que ser fríos y calculadores para que la máquina de producción continúe trabajando, por lo cual, lo que Gallego decía tenía toda lógica, el asunto es que si el mundo se moviera siempre bajo esas premisas no daría cabida a las genialidades, el mundo perdería la oportunidad de sorprenderse con propuestas novedosas y yo sabía, y lo sabía Tito, que lo que teníamos como proyecto podría ser un hito radial.
Las personas que portan las llaves.
Ahora como cristiano puedo entender que todo está bajo el propósito de Dios, que nada se antepone ni tiene más poder que Su Voluntad. Pero en aquel entonces, siendo un hijo pródigo alejado de Dios dependía de la voluntad de un directivo radial o de la irreverencia de un director de emisora que se pusiera de mi lado ¡Y lo hizo!
Nunca olvidaré las palabras del gran Tito cuando con su sonrisa socarrona me dijo: «Gallego me dijo que no lo hiciera, pero lo vamos a hacer!». Parce, me volvió la sangre al corazón, ese man puso el pellejo por mí, terminó sentenciando con una frase que me dio la confianza y la seguridad que no estaba solo: «Si ha de rodar una cabeza… ¡que ruede la mía! …uf! ¡GRACIAS TITO!

¡Avanza! Si avanzas en medio de la dificultad encontrarás en el camino personas a las que Dios ya les dio la orden de abrir las puertas que Él ha dispuesto para ti. (¡Uy! Se me salió el pastor que llevo dentro). No solo hay gente adelante que ya tiene orden de abrirte la puerta sino que las condiciones Dios las ha preparado para que pases por ahí, porque en los días en que se iba a hacer el récord Gallego estaba de vacaciones, o sea, cuando se diera cuenta que su subalterno lo había desobedecido ya sería tarde porque el proyecto que estaría andando.
José Ordóñez empieza a contar chistes.
Son la nueve de la mañana, más que nervioso estoy ansioso, frente a mi hay un libreto sacado de la impresora de puntos, el encabezado de mi libreto dice:
HORA 1.
9:00 – 10;00 A.M. Chistes de Benito.
Pre, pre, preeeeguuuuntaaa…
Acompaño los chistes con una «cama musical» rítmica que da compás de espera entre chiste y chiste, frente a mí hay está el teclado del computador al que le hemos programado: f1 para las risas, f2 para pregunta, pregunta, pregunta, f3 para las risas de las hipérboles y así sucesivamente los efectos que acompañan los 57 minutos de chistes que tiene cada hora. Los otros tres minutos serán para alguna pauta comercial mientras voy al baño, tomo café, me fumo un cigarrillo (así como lo oyes… o como lo lees, ¡fumar!) y reviso los libretos de la siguiente hora. Todavía no vienen los medios de comunicación tenemos una incipiente sintonía que irá creciendo poco a poco con el pasar de las horas.
Un dato anecdótico, ¡Me encantaba burlarme de los calvos! dentro de la multiforme variedad de chistes reírme de las personas con alopecia me satisfacía mucho, quien iba a pensar que el destino iba a hacer que mi frente no parara de crecer hasta hacerla colindar con la nuca.
Aprovecho y te dejo por aquí mis mejores chistes de calvos.
La primera hora de José Ordóñez contando chistes.
No hay e-mail, no hay redes sociales, ni chats, ni medios digitales para «pasar la voz» de lo que estamos haciendo. La sintonía empieza a crecer y Tito da un número de fax (si sabes lo que es un fax es hora de empezar a tomar Enshure). Empiezan a llegar los primeros fáxes, la gente pregunta ¿Cuántas personas están en cabina contando chistes? creen que alguien hace la voz de Benito y otro la voz del adulto, otros preguntan como se llama el comediante que echa los chistes, si va a durar todo el día, si todo ello es verdad o es un montaje.
Mi primera noche contando chistes sin parar.
Ha llegado la noche, mi energía permanece intacta, tengo 25 años, la salud no importa, ya llevo un paquete cigarrillos fumado en todas las pausas de descanso, no he comida nada, no tengo hambre tengo emoción, Tito me cuenta que lo llamó Gallego y la vaceó (así decimos los colombianos para referirnos a un regaño) me vaceó y luego me felicitó porque esta vaina está cogiendo mucha sintonía, parece que el doctor Ricardo (el jefe de Gallego) lo llamó para felicitarlo. Esa fue una inyección de fuerza, me senté en la siguiente hora a contar los mejores chistes ahora sin la presión de que todo fuera un fracaso y entonces mi mente me empezó a regalar algo que ahora valoro mucho, la narrativa especial para dibujarle al oyente una escena, la pausa, el planteamiento adecuado, no tener afán de concluir ni rematar el chiste cuanto antes, esa pequeña característica nació esa noche, con el tiempo creo haberla perfeccionado y quiero que sea impronta de mi narrativa humorística.
Emisoras de todo el mundo se conectan al récord mundial.
Nos dimos cuenta de lo que en realidad estaba empezando a pasar, sube feliz Norberto Vallejo periodista de caracol que por aquel entonces estaba haciendo el turno de noche y muy a las dos de la mañana irrumpe con un grito en la cabina «¡M*r*c*! ¡Esto se salió de madres! En la Basys acaba de llegar un cable de la agencia de noticia Reuters que un colombiano está rompiendo un récord mundial de chistes en RadioActiva! ¡M*r*c*! ¡La está rompiendo!

La incredulidad de Tito.
Muy a las seis de la mañana, cuando llegué Tito aproveché para contarle lo que había pasado, en la noche recibimos llamadas de Chile, Argentina y Estados Unidos, me dijo «Eso no es posible, la señal de la emisora está codificada para que nadie pueda transmitir sin permiso». -¡Lo juro! Nos llamaron de Chile, de argentina y Nueva York!- le aseguré. (Entiéndase que por aquél entonces si una emisora nacional fuese escuchada a nivel mundial era todo un hito). Mi otrora aliado en días pasados parece que le tenía un límite al éxito de nuestro evento, a la media hora cuando estaba en medio de la tanda de chistes de la hora veintidós, asomó un mano y con el pulgar arriba me dio a entender que era cierto lo que le había dicho.
Fue La voz del Sinaruco la emisora que al ver el éxito de las tandas de chistes decidió tomar la señal y retransmitirla al mundo entero. La voz del Sinaruco tenía unas potentes antenas, gracias a ellas y a su ubicación en los llanos orientales de Colombia muchas oyentes de otros países empezaron a reportar sintonía inclusive por Sw (onda corta). Si sabes lo que es SW y Onda corta, vuelve a tomar Enshure.
¿Te das cuenta? Todo fue una sucesión de hechos, uno tras del otro un dominó cayendo sobre el otro para crear el efecto. Ahora entiendo que La mano de Dios estaba moviendo todo a mi favor.

José Ordóñez rompe su 1er récord mundial de chistes de 24 horas.
Cuando te faltan unas pocas horas para terminar un récord necesitas dos cosas: ver la luz del sol, sentir el aire de la mañana y que te den ánimo, mucho ánimo. Fueron las cámaras de los noticieros las que infundieron ése ánimo que tanto necesitaba para terminar. Noticiero 24, Noticiero Cripton, Noticiero de las 7, Noticiero Nacional (si recuerdas esos noticieros… vuelve a tomar Enshure).
¡Increíble! ¡Lo habíamos logrado! Repetí una tanda de chistes crueles (mis referidos) y acto seguido ¡El himno nacional! ¡wow! entrevistas, fotos y las ganas de hablar con mi esposa que se había quedado en la casa cuidando la Taty.
Un abrazo con el gran Tito, un agradecimiento y luego a descansar. Iba a cometer una brutalidad pues creía que podía tener la lucidez de conducir mi Renault 12 hasta la casa donde vivía en el barrio Galán, pero Tito se opuso y me llevaron en una móvil de Caracol. Al bajar, unos cuantos vecinos aplaudiendo mi trabajo, subir las escaleras y estamparle un beso a mi preciosa esposa, ducha ¡y a dormir!
No hay primer record mundial de chistes José Ordóñez sin el segundo. Mira aquí el segundo récord mundial de chiste en Uruguay.










Diciembre del año 2014, Radio Uno de RCN y todas sus estaciones en Colombia. Cientos más en varios países del mundo. Un chiste tras otro mientras recolectábamos donaciones para la fundación Colombianitos que trabaja por niños desplazados por la violencia en nuestro país.



















