José Ordóñez, Jaime Garzón y Guillermo Zuluaga Montecristo

Mi encuentro con dos grandes del humor Colombiano que ya partieron a la presencia de Dios habiendo dejado un legado para el humor en Colombia.

Jaime Garzón y yo.

Eran más o menos las dos de la mañana. Prendí el acostumbrado cigarrillo de esa hora luego de editar la primera parte de Ordóñese De La Risa que salía el fin de semana. Tres bloques de programa, tres cigarrillos metódicamente disfrutados mientras descansaba la vista de esas agotadoras jornadas de edición en Teleset.

El cigarrillo y el tinto, mis compañeros de libretos que fieles me acompañaban en cada jornada de producción de ideas desde que recién casado escribía mis libretos en la oxidada Olivetti que saqué de la basura en Piedecuesta.

El no fumaba, quizá por eso su primer saludo fue una descarga de su brazo en forma de puño sobre mi hombro izquierdo. Me giré para intentar devolver «las atenciones» de quien, con ese golpe, me había hecho regar media taza de mi estimulante café. Al girarme solo vi a ese desparpajado muelón que con su burlona sonrisa me decía confianzudamente: «¡deje de fumar hermano que esa vaina da cáncer!» Sonreí y le perdoné el atrevido saludo que me daba por primera vez. Varias veces más me lo habría de encontrar y en algunas ocasiones le devolví el «afectuoso» saludo. Se estaba volviendo una costumbre darnos la salutación con un sorpresivo golpe.

Jaime Garzón Y José Ordóñez
José Ordóñez y Jaime Garzón – Noticiero de las 7

No me gustaba su humor.

Como me hubiera gustado tener una cámara para retratarnos en esas jornadas de trabajo cuando nos encontrábamos cada uno editando nuestros respectivos programas de humor. Me felicitaba porque, según él Ordóñese estaba rompiendo la fórmula vieja del clásico programa sabatino de Colombia. Yo no devolvía calificativos, pues, debo reconocerlo, no me gustaba su humor (ni sus golpes al saludar). Tardé años para valorar el enorme potencial humorístico y el grandioso aporte que Jaime Garzón a través de sus críticas humorísticas le estaba dejando a este país. Solo tengo esta imagen, él fue invitado por El Noticiero de las siete para presentar las noticias del día de los inocentes y allí está la única imagen de nosotros dos entregando nuestros respectivos trabajos para intentar engrandecer el humor en Colombia. ¡Grande Jaime! y aunque no lo crean ¡Extraño nuestra forma particular de saludarnos!

Montecristo y su legado.

Una noche para recordar toda la vida.

Creo recordar, no sé si esté en un error, el barrio se llama Copacabana. Allí, en un modesto pero bien decorado apartamento nos recibió don Guillermo Zuluaga Montecristo. Yo era un manojo de nervios. Crecí oyéndolo desde que era un niño y ayudaba a mi mamá con sus tejidos en el popular barrio de San Fernando en Bogotá. En mi pequeño radio de pilas Las aventuras de Montecristo fueron mis compañeras de medio día cuando me paraba en la puerta del supermercado Colsubsidio del barrio 7 de agosto a vender mis gelatinas de pata. Recuerdo escuchar los aplausos y risas del público que atiborraba su teatrino radial. Me gustaba imaginarme como si yo fuera ése señor, como si ése fuera mi público y fuera yo la estrella humorística de esa radio.

Ahí entraba yo a su apartamento esperando darle un abrazo, me había convertido en el humorista de moda en el país, la revista Cromos decidió hacer una crónica que finalmente tituló: «José Ordóñez, Guillermo Zuluaga Montecristo, las dos épocas del humor en Colombia». Querían hacer que se encontraran el mejor de ahora con el mejor de siempre.

«Me contó de su encuentro
con Mario Moreno Cantinflas»

Sentado frente a él, mientras su esposa nos preparaba «un clarito» yo titubeaba nervioso las preguntas que me hacía el periodista. Don Guillermo, con la tranquilidad que le daban los tantos años en la comedia solo sonreía al ver al mozalbete santandereano buscar las mejores palabras para acomodar sus ripias respuestas.
Se me fueron los nervios, me adentré como nieto en la cama mientras escuchaba las historias vividas por este abuelo del humor. Me contó de su encuentro con Mario Moreno Cantinflas, de sus presentaciones en Londres en aquellas épocas donde casi ningún artista colombiano «arrimaba» por allí. Del dolor que le supuso salir a hacer un show luego de recibir la fatídica noticia de la muerte de un hijo, de su trasegar por más de cuarenta años haciendo humor en la radio, de como jamás se amoldó a hacer televisión pues le exigían adaptarse a las reglas de los contratos y la pérdida de los derechos comerciales de algunos de sus personajes, ¡grande don Guillermo! ¡si supiera cuanto aprendí de esa charla!.

La noche se nos iba, la cinta de la grabadora del periodista se había acabado así que recurrió a los burdos apuntes que hacía en una libreta. La esposa con adustos gestos nos dejaba saber que don Guillermo tenía que descansar, recién le acababan de operar por aquellos días. Montecristo se levantó como pudo de su silla y con su caminar cansino, arrastrando sus chancletas se fue a la habitación sin mediar palabra. Me pareció que no ha debido ser la manera de terminar aquella velada «periodico-humorística», me despedí de su esposa pero ella me señaló nuevamente la puerta de la habitación, allí estaba parado don Guillermo, con esa sonrisa muecona y desencajada que había hecho reír las últimas generaciones de colombianos.

En sus manos, extendido como un trofeo, un saco negro de esmoquin que extendía hacia mi. No entendí, por lo menos no en un comienzo, pero sus palabras terminaron por regalarme uno de los momentos más bonitos y espectaculares que he vivido en mi carrera profesional: «Este saco me ha acompañado a los mejores shows de mi vida, lo quiero mucho, pero creo que si alguien debe portarlo de ahora en adelante, eres tú muchacho!» Extendió los brazos y puso en mis manos una especie de posta que recibí en medio de las lágrimas que me suscitaba el momento.

Duré mucho despidiéndome, no quería dejar de abrazarlo, en el último de los insistentes abrazos me dio dos palmaditas en la espalda como diciendo «suficiente muchacho».

No tengo esa revista, no sé si algún día pueda tener una copia. Lo cierto es que cada año de carrera que cumplo como comediante me gusta ir al closet a mirar el legado que me entregó el más grande comediante que Colombia ha tenido! ¡Grande Zuluaga! ¡Grande Montecristo!

José Ordóñez y Montecristo
Revista Cromos. Dos épocas del humor en Colombia

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¿Cuál Benito es mejor?

¿Por qué hice un Benito en 3D? porque no me gusta interpretar a Benito, no me gusta hacer el papel de niño. Dime tú por favor ¿Cuál Benito es mejor? porque cuando me veo en televisión haciendo el papel de Benito, no me gusta. Mi gran amigo José Antonio Debrigard, actual presidente de RCN televisión, me dijo que a las personas les gusta ver a sus comediantes preferidos interpretando personajes infantiles, me puso como ejemplo al Chavo del ocho, me habló de que Chabelo en México duró toda la vida ganándose el aplauso y admiración del público (inclusive lo lleva Cantinflas a sus películas).

Los dos Benitos

Muchos me preguntan: «¿Por qué se llama Benito? bueno, yo me llamo Bernardo y Bernardo siempre fue el nombre del precoz niño que pocos podían aguantar. Cuando mencionaban mi nombre en la familia todos se preguntaban qué nueva «pilatuna» había hecho, que había roto, qué nuevo problema había creado por allí; entonces cuando en 1987 busque nombre para esa voz «chillona» que aprendí a hacer decidí que Benito se acercaba más al Bernardo que aún llevo dentro.

Contrario a mí, a mi esposa no le gusta el Benito en 3D, tiene razones de peso para ello, le ha hecho gastar mucho dinero en la confección del cuerpo y el estilo. Durante muchos años, cuando no existían muñecos fáciles de hacer en inteligencia artificial, ni computadores y software que diseñaran con facilidad en prototipo de un personaje en 3D, junto con un grupo de soñadores decidimos trabajar duro para llevar a cabo nuestro sueño. Kike Sarmiento, Daleo Muñoz, Mauricio Bejarano en la incipiente empresa que por aquel entonces yo tenía, colaboraron para llevarlo a hacer realidad. El costo era impresionante, imagínense, en el año 1998 el software para poder modelarlo costaba 13 millones de pesos. Eso era una bestialidad de dinero para su época, para poder pagar algo así, yo hacía maratónicas de humor por todo el país (fue entonces cuando perdí el pelo, pero eso lo contaré después).

Ricardo Montaner quería trabajar con Benito.

Pocos conocen esta historia. Estando en Miami una vez recibo la llamada de mi amigo Dante Gebel, por aquel tiempo Dante tenía una muy buena relación don Ricardo Montaner quien le contó de un proyecto que tenía para su fundación La Cima del Cielo donde ayudaba a niños de escasos recursos. le preguntó a Dante si conocía a alguien que tuviera un personaje infantil para que junto con él realizaran contenido musical y multimedia para impulsar las donaciones de su fundación. Dante conocía a Benito porque en un viaje que hicimos los dos a Venezuela yo se los mostré, así que Montaner me contactó. A los pocos días estaba yo sentado mostrándole el producto del esfuerzo de año y él quedo encantado. «Te llamo para decirte lo que vamos a hacer», efectivamente, a los pocos días me llamó pero para desistir de su idea inicial.

Benito es demasiado bueno.

Montaner me habló con mucha sinceridad, me dijo que le había mostrado el Benito a su grupo de asesores de imagen y llegaron a la conclusión que un personaje tan bien realizado terminaría por opacarlo a él en sus contenidos, o sea, la estrella del contenido tarde o temprano terminaría siendo Benito, no Ricardo. Valoré su sinceridad y aquel día comentamos en la noche con mi esposa, ese también es el costo de hacer las cosas supremamente bien.

 

¿Cuál es mejor Benito?
Das click y verá a José interpretando a Benito

https://youtube.com/playlist?list=PLOSTqY3zOI9-todvIFEZ03Qza5bp6i

Dejo a tu criterio y opinión. Solo quise contar un poco de lo que pasa en mi mente de comediante, hay personajes con los que me identifico más, por ejemplo PabloRemalas de quien muy probablemente haré un artículo contando cómo lo cree por allá en el año de 1995. Gracias por leer todo esto, lo valoro mucho. Y gracias si lo llegas a compartir.

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José Ordóñez en Colombia ríe.

Este fue el primer reality de humor que se hace en Latinoamérica, (y creo que en el mundo) al que fui invitado, (aunque a mitad de su desarrollo), para aportar mis conocimientos y experiencia en estos 31 años de carrera profesional como comediante.

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Hace algunos días acepté la invitación que me hizo el canal RCN de apoyar el primer reality de humor que se hace en Colombia. No fue una decisión fácil pues vivo en Miami. Viajar constantemente a Bogotá suscitaba abandonar durante un tiempo a mi familia. Pero aceptamos. Y digo aceptamos porque quien más me motivó a hacerlo fue mi esposa. No voy a discutir aquí la calidad del programa o su contenido. Para eso fui invitado, para intentar hacer que el contenido mejorara. Más allá de como les haya parecido a Ustedes como televidentes, me estoy gozando las grabaciones y la oportunidad que me ha dado la vida de poder dar mi conocimiento como comediante ya durante 31 años de carrera profesional.

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Alguien alguna vez dijo: «trabaja tan duro hasta que tu firma sea un autógrafo», bueno, yo sé el día en que mi firma se convirtió en autógrafo, 28 de diciembre de 1994.

Hace ya 32 años que mi firma se convirtió en autógrafo, ése día cuando sentado frente al micrófono de la radio estación Radioactiva de Caracol completé 36 horas de CHISTES. Era mi tercer récord mundial de chistes, pero era el que habría de hacerme muy famoso por aquellos días en todos los medios de comunicación de Colombia y varios países de habla hispana. Este año que comienza celebro mis 39 años de carrera profesional, o sea, este evento fue luego de siete años de luchas interminables, de aguantar, literalmente, hambre y humillaciones esperando por una oportunidad que me diera el destino que tiene en sus Manos Dios.

El día en que mi firma se volvió autógrafo
El día en que mi firma se volvió autógrafo

Cuando ingresé por primera vez a trabajar en Caracol Radio en el año 1992 no imaginaba que sería el comienzo de una carrera profesional que hoy todavía me permite seguir llenando teatros, haciendo personajes y contando esos chistes que parece nunca van a pasar de moda.

Allí di a conocer a Benito, mi personaje estrella; aún no habían nacido Celio, GayoTapao, PabloRemalas, Miss República, Tanainas, Mesmer etc, ellos solo fueron apareciendo conforme realizábamos Ordóñese De La Risa.

Recién terminé el récord me llamó Yamid Amad para que hiciera los dos últimos minutos del noticiero CM& los días viernes y mi carrera continuó en alza, luego vino Ordóñese de la risa y otro récord más de 50 horas.

Los récords terminaron popularizándose a nivel internacional, ya había hecho 26 horas en Uruguay, ahora recibiría la invitación de Ecuador para hacer 60 horas por los niños de la Fundación Padre Amador. Gracias a las donaciones que recogimos lograron construir un albergue para 60 niños de la calle.

Vinieron muchos más eventos, maratónicas y récords, tantos que ya mi memoria no alcanza para recordar tantos lugares visitados, tantos teatros a nivel mundial, por eso no pares de luchar, cualquiera sea tu sueño de llegar a una meta. Te escribe este artículo el humilde vendedor de papel higiénico por las calles de Bogotá, aquel que algún día decidió soñar en grande y sobre todo poner en manos de Dios su vida.

Miren este video y, quizá podrán acordarse de aquel maravilloso día, cuando mi firma se convirtió en autógrafo.

https://www.youtube.com/watch?v=_Nv1rfg_Fho