El abogado lee el testamento a los cuatro hijos que ha dejado el anciano ricachón:
—Procedemos a la lectura del testamento: Primer punto… «Hijos sean felices!»
-¿Eso es todo? ¿No me dejó nada?
—Segundo punto: Si alguno dice: “¿No me dejó nada?” a ése ¡no le den nada!
Las hijas gordas
Dos amigos conversan, uno le dice al otro:
-¡Qué gordas son tus hijas!
Al oír la osadía de su amigo le replica:
-¡Oye! ¡Como osas!
-¡Y como elefantas también!






