Benito grita desde el comedor de la casa:
-Mami, ¿Otra vez Langostinos al ajillo de almuerzo?
-¡Dígalo más duro Benito!
–¿Otra vez Langostinos al ajillo de almuerzo?
-No. ¡Dilo más duro!
–¿¡OTRA VEZ LANGOSTINOS APANADOS AL AJILLO PARA EL ALMUERZO!?
-Ahora si. Ya escucharon los vecinos. ¡Ahora siéntate y cómete las lentejas con arroz que hice para el almuerzo!
Véte y no peques más
La dulce niña escuchó atenta la predicación dominical donde Jesús le dice a la pecadora mujer “¡véte y no peques más!” Eso la conmovió tanto que se quedó pensando en las Palabras que dijo el nazareno al perdonar a aquella mujer.
En la noche, cuando intentaba dormir, un zancudo entró por la ventana y se posó en el brazo de la dulce niña que al verlo picándola decidió matarlo de una palmada, pero algo la detuvo. Recordó la predicación, así que solo sopló suavemente sobre el mosquito y mientras este se alejaba le dijo:
-Vete! ¡Y no piques más!







