El pediatra se frotó las manos y le dijo a su esposa muy entusiasmado:
-¡Dos sarampiones mas y terminamos con las cuotas del carro!
Es por su bien
El jefe le dice en tono de consolación al empleado:
-Sí, González, ya sé que el sueldo no le alcanza para casarse…, pero créame, ¡algún día me lo agradecerá!






