-Me sentía tan jorobado como un anciano de cien años, hasta que vi el doctor Domínguez. ¡que maravilla ese doctor!
-¿Y qué te recomendó Tanainas?
-¡Que no me volviera a abotonar el botón de la bragueta al ojal del cuello de la camisa!
Es por su bien…
-Sí, Martinez, yo sé que el sueldo no te alcanza para poder casarte…,
pero créeme, ¡algún día me lo agradecerás!






