Bastante afanado llegó el hombre a la cabina de sonido del estadio que estaba atiborrado de hinchas -Señor!- le imploro al encargado del sonido general del estadio:
-¡Es que perdí a mi esposa en medio de la multitud! ¡Por favor! ¡Présteme el micrófono para que ella me oiga a través de los alto parlantes del estadio!
Al ver la desesperación del atribulado marido el ingeniero de sonido accede para que este solitario marido le hable a su esposa a través de los altavoces que amplifican la voz a los cincuenta mil hinchas presentes. El hombre toma el micrófono y canta:
-¡LIBREEE!! ¡COMO EL SOL CUANDO AMANECE YO SOY LIBREEE!!
Llorando a Celia Cruz
Murió Celia Cruz, así que un cubano lloraba su muerte por las calles de la Havana. No paraba de decir: «¡Mi Celia!, ¡mi Celia!». Pasaba por allí un japonés que llevaba varios años viviendo en la isla y le responde:
-¡Si! ¡Miselia hamble y dictadula!







