Dos «amigas» que se saludan solo por hipocresía y que no descuidan oportunidad para lanzarse indirectas en cada conversación se encuentran:
-¡Hola querida! ¿Cómo estás?
-¡Bien mi amor! ¡muy bien! ¡acabo de llegar de Londres!
Al escuchar aquellO la interlocutora siente morirse de envidia, piensa por un momento y le dice:
-¿Londres? ¡Oye qué bien! Y cuéntame, ¿son muy difíciles de fregar los pisos por allá?
El cobro post mortem
Están en el entierro de su amigo. Los tres amigos están compungidos por el dolor que esto les suscita. El primero siente que debe pagar la deuda que en vida tenía con el finado así que saca un billete de veinte mil pesos y lo deposita dentro del ataúd junto a la mano del cadáver. El segundo de los amigos al ver lo mismo siente un sentimiento parecido así que decide tomar un billete de cincuenta mil pesos y ponerlo dentro de la caja mortuoria al lado de la mano de su amigo muerto. El tercero, que era el más vivo del grupo dice:
-Yo también voy a pagarle la deuda que tenía con mi amigo. Le debía treinta miel pesos.
Pero en vez de poner billetes saca un cheque que hace por cien mil pesos, retira los setenta mil que sus amigos han puesto antes y pone entre las manos del muerto el cheque por cien mil. Los amigos se admiran de la viveza del hombre pero no pueden hacer nada.
A los pocos días el hombre sufrió un infarto al enterarse que el cheque había sido cobrado.
Es que el dueño de la funeraria era un paisa.






